viernes, 21 de julio de 2006
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Pocas muertes más pronosticadas que la de Syd Barrett. Desde que sus compañeros de grupo lo obligaron a dejar Pink Floyd, en 1968, Barrett se recluyó en el sótano de la casa de su madre, cerca de Cambridge. Virtualmente confinado por decisión propia, selló las ventanas de la casa para evitar las miradas curiosas de los fanáticos y las intromisiones de la prensa. En una entrevista concedida en 1971 a la revista ‘Rolling Stone’ lo anunció: “Voy a desaparecer -afirmó- voy a evitar casi todas las cosas.”

Se le atribuye a Syd Barrett la fundación de Pink Floyd, en los años sesenta, y también haber acuñado la denominación de la banda: una fusión entre los nombres de Pink Anderson y de Floyd Council, dos músicos de blues. Creó el célebre grupo de rock con su amigo, el bajista Roger Waters, con el tecladista Richard Wright y con el baterista Nick Mason. El guitarrista David Gilmour, quien lidera Pink Floyd hasta la fecha, fue reclutado cuando Syd Barrett empezó a dar signos de enfermedad mental. Al parecer sus facultades cerebrales se empezaron a estropear como consecuencia del uso indiscriminado de ácidos (LSD).

Básicamente Barrett frió su cerebro y se dejó tentar por el lado oscuro. Las pocas fotografías de la época lo delatan como un personaje fantasmagórico, sombrío y con la mirada perdida: una especie de poeta de la sicodelia. Las entrevistas lo delatan como alguien fuera de este mundo, que conoce un secreto que todos los demás ignoran.

Durante los primeros años de Pink Floyd, Syd Barrett fue el alma del grupo. Tocó la guitarra y compuso la mayoría de las canciones en los dos primeros discos. Hasta que se deschavetó por las drogas: dejó de ser confiable en el escenario y sus compañeros decidieron que era hora de un reemplazo. Eran, todavía, los años anteriores al gran éxito comercial de Pink Floyd, los años previos a las ventas millonarias, a los estadios llenos, a la película. Por eso sus compañeros de grupo le dedicaron una de las canciones cardinales de Pink Floyd, Shine on you crazy diamond, un saludo a la chifladura de Barrett. Por un extraño giro del destino Syd Barrett se dejó caer por los estudios musicales de Abbey Road, donde sus ex compañeros grababan el disco en 1974: nadie lo reconoció.

La leyenda de Syd Barrett no hizo sino crecer con el tiempo. Los fanáticos de la primera etapa de Pink Floyd que alegan haberlo visto en la calle lo han descrito como un hombre pesado, con poco pelo, de andar lento e incapaz de articular una palabra. Una imagen que contrasta con la del Syd Barrett juvenil, delgado, bucólico, huidizo, de pelos levemente ensortijados que muestran las fotos de su época de fama.

Se sabe que pasó sus últimos años dedicado a la pintura y a la jardinería, cobrando cheques por las regalías de los primeros discos de Pink Floyd. Hace pocos años una casa disquera le ofreció una verdadera fortuna por grabar tres o cuatro canciones. No hubo respuesta. Pasen la voz, Syd Barrett ha muerto.
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