domingo, 30 de julio de 2006
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Aunque Syd Barret sólo fue parte activa del grupo durante la gestación de su primer disco, su presencia estuvo más que patente hasta bien entrada la década de los 70s. Como un fantasma que ni Waters ni Gilmour se atrevieron a exorcizar del todo, el loco diamante llamado Syd tiró las cuerdas de la banda desde el disco del flautista hasta el que oscureció las nubes.


En 1965, dos estudiantes de arquitectura de la Polytechnic School de Londres, Roger Waters (guitarra) y Nick Mason (batería), forman SIGMA 6, un grupo de rock y blues con disimulados toques de jazz ácido. Para darle más fuerza al proyecto reclutan a otros compañeros de curso, Rick Wright que se encarga en principio de la guitarra, Clive Metcalf que toca el bajo y dos cantantes Keith Noble y Juliette Gale (futura esposa de Rick Wright). El primer descontento de la nueva agrupación apuntó al nombre de esta, Mason la había definido así motivado por su pasión por la ciencia-ficción, fanatismo que no era compartido por el resto. Comienza así una búsqueda del nombre perfecto. La banda se rebautiza primero como T-Set sin embargo a los pocos meses pasa a llamarse The Megadeaths. Pero apenas duraron una semana con esa nominación y a los pocos días pasaron a llamarse The Abdabs, que no demoró en ampliarse a The Architectural Abdabs y luego a The Screaming Abdabs.

Como The Screaming Abbads se realizan varios cambios en el grupo, primero con la incorporación de un nuevo guitarrista, Bob Close, que aguanta poco en el grupo y cede su puesto a un individuo de aspecto enfermizo -y con cierta simpatía por las sustancias alucinógenas- llamado Keith Barret, quien prefería ser llamado Syd Barret. Es por la cabeza de Barret por donde comienza a rondar un nuevo nombre para el grupo: Pink Floyd, que no es más que el fruto de la unión de dos músicos de blues de Georgia: Pink Anderson y Floyd Council de los que Barret tenía un disco en casa.


A fines de 1965 el grupo debuta en el Countdown Club de Londres en la que se considera la primera actuación del grupo con el nombre de The Pink Floyd Sound. El repertorio de ese debut se basó en versiones de clásicos de Chuck Berry, The Kingsmen, Bo Diddley y sobre todo mucho rock & roll y blues. A esas alturas, el grupo se ha reducido y se ha convertido en una formación muy concreta con: Roger Waters (bajo y voz), Nick Mason (batería), Rick Wright (teclados y voz) y Syd Barret (guitarra y voz). Las cosas empiezan a marchar bien y la banda comienza a dar tímidos pero vistosos pasos hacia la construcción de espectáculos multimedia con filmaciones acompañando a su música creando así el primer ambiente psicodélico de la historia de la música popular.

En marzo de 1966 de este año los The Pink Floyd Sound se presentan en el célebre Marquee londinense con un show bautizado como Spontaneous Underground que deja boquiabiertos a la afición y a la crítica, música que vuela alto y que se resiste a las etiquetas y un aparato visual realmente avanzado para la época. La maniobra resulta, y despierta el interés de Peter Jenner, responsable de la compañía discográfica DNA quien los tienta con promesas de gloria internacional y baños de oro. Pero Barret y compañía no se deciden. Tras un período de descanso, la banda es invitada a la fiesta de presentación de la revista psicodélica International Times, celebrada en el Roundhouse. Mick Farren, crítico musical de la revista Watch Out Kids, se refiere a ellos en términos de sorpresa y desconcierto: "su música tiene el aire de un solo de The Who, pero solo sin texto y sin canción para envolverlo... como un bocadillo sin pan. Tocan muy fuerte y sin forma musical identificable". La crítica no encuentra palabras para definir semejante avalancha de sonidos, pero el grupo no cede y sus temas llegan a superar los treinta minutos de improvisación atmosférica. Demasiado para muchos críticos.

Tras la sonada actuación, Peter Jenner vuelve al ataque y consigue finalmente su propósito. Asociado a Andrew King, de Blackhill Enterprises contrata a The Pink Floyd Sound y el siguiente paso es una de sus actuaciones más históricas. El 23 de diciembre de 1966 el grupo inaugura el UFO Club, en el primer concierto con el nombre reducido y definitivo de Pink Floyd. Un mmento del despegue definitivo que causan una conmoción ya nada disimulada entre el público y la crítica. El siguiente paso: un contrato discográfico con EMI.

El grupo toma la recta que les lleva a la grabación de su primer single, publicado el 11 de marzo de 1967. Sin duda la canción estrella es "Arnold Layne", con “Candy And Current Bun" en la cara B. Dos sugerentes piezas de rock psicodélico firmadas por Syd Barret. Tampoco falta la polémica: “Arnold Layne” es prohibida en algunas emisoras por ser considerada como "apología del uso de alucinógenos". El grupo realiza sus primeras apariciones televisivas y su popularidad comienza a superar el ámbito del culto. Llegan cada vez más a ser más conocidos y admirados por un público más amplio.

La fragilidad emocional de Barret, acusa la aceleración de los hechos. Saturado por las dimensiones que está alcanzando el grupo, anuncia que tira la toalla, y aunque Waters piensa ya en David Gilmour, a quién conoce de la escena under, éste se encuentra ocupado con su grupo, Crow. Finalmente, Barret reconsidera su postura ante la proximidad de la grabación del primer álbum. Y así llega la hora cero: la hora de The Piper At The Gates Of Dawn, primer LP de Pink Floyd, editado en agosto de 1967.

El primer álbum de Pink Floyd, fue creado en un noventa por ciento por Barret, un personaje con una creatividad imposible de delimitar, cuyas composiciones rebosan de contenido y dejan en ridículo cualquier intento psicodélico de la época. En comparación con otras propuestas supuestamente avanzadas de aquel tiempo, The Piper Of The Gates Of Dawn es un monumento a la imaginación y al compromiso con la vanguardia. Un disco que suena moderno hasta el día de hoy y que es una verdadera clase para los que piensan que Radiohead o Spiritualized son originales en su propuesta.

En noviembre de 1967 viajan por primera vez a Estados Unidos para participar en el festival de Winterland en San Francisco, junto a Richie Havens, Procol Harum y Janis Joplin. Al mes siguiente, organizan una pequeña gira americana. A la vuelta, sin embargo, afrontan una crisis interna que no terminará hasta que Syd Barret quede definitivamente excluido de Pink Floyd al año siguiente.


Un plato lleno de secretos

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El 27 de enero de 1968, David Gilmour se incorpora oficialmente a la banda como guitarrista. Tras poco más de un mes de una coexistencia imposible, el 2 de marzo, Syd Barret que ve enemigos por todas partes y se comporta de una manera altamente hostil con el recién llegado. Al final, sus compañeros toman una difícil y penosa decisión, y Barret es amablemente invitado a abandonar el grupo.

Las dudas sobre la viabilidad de Pink Floyd sin su cerebro creativo están sobre la mesa. Lógico: no sólo fue él quien bautizó al grupo sino también quien compuso prácticamente todo el material original de éste. Pero la incorporación de David Gilmour, de carácter aparentemente más calmado e inofensivo, debe servir para dar mayor seguridad al trío restante y dirigir el sonido del grupo hacia nuevas direcciones. Por eso lo primero es definir la personalidad de la banda a través de las canciones a incluir en el siguiente álbum. Sin embargo, A Sacerful Of Secrets, segundo elepé de Pink Floyd, editado en junio de 1969, tras una nueva gira americana , cuenta todavía con la participación de Barret en tres temas, uno de ellos, "Jugband Blues", compuesto enteramente por él. En el resto destaca el protagonismo de Roger Waters, cuya firma aparece en cuatro temas, en tres de ellos en solitario. Waters comienza a perfilarse como nueva cabeza visible del grupo. Junto a él, unos efectivos Richard Wright, que demuestra su poder compositivo en "Remember A Day", y Nick Mason que sin tener la velocidad y maestría de otros contemporáneos suyos, como Keith Moon (The Who) o John Bonham (Led Zeppelin) ¿Y la incógnita del momento? ¿David Gilmour? De momento prefiere mantener sus ambiciones en un segundo plano y se limita a ejercer de guitarrista impecable, sin el gancho esquizoide y cósmico de Syd Barret pero con un virtuosismo sobre las cuerdas notoriamente superior al del loco diamante.

Aún considerando A Sacerful Of Secrets como un álbum de transición, comienzan a perfilarse en él los trazos que definirán al grupo a partir de ahora: mayor efectismo instrumental, cierta tendencia melodramática y fijación manerista por el nivel técnico de la grabación. El ABC del sonido Pink Floyd durante los setenta. Con este disco, Floyd sube otro peldaño en la construcción de un monstruo del sonido con capacidad de hipnotizar a las masas. Las actuaciones se multiplican: la gira americana de verano se ve alargada durante tres semanas y en septiembre de 1968 realizan una sonada expedición europea por Francia, Holanda, Austria y Suecia. Culminan el año anunciando una extensa serie de presentaciones por Gran Bretaña. Pero el primer producto de Pink Floyd, gestado íntegramente sin la influencia de Syd Barret ( lo que al final es bien discutible) no es un álbum convencional, sino la banda sonora de More, un film de Barbet Schroeder protagonizado por Mimsy Farmer y Klaus Grumberg sobre drogas y amores fatales con Ibiza como telón de fondo. Trece temas compuestos por el grupo, con Waters a la cabeza, con la clara vocación funcional de acompañar las imágenes del filme a través de viñetas sonoras más o menos atmosféricas.

El verano de 1969 se ve saturado de actuaciones, algunas de ellas grabadas para un hipotético álbum en directo que, finalmente, será parte del futuro doble Ummagumma. El grupo despide electricidad en cada nuevo movimiento, al mismo tiempo que sus planteamientos se desbordan. El rock británico, cada vez más sofisticado y con tendencia megalómana, genera la aparición de obras aparatosas. Si los Beatles dan sus primeros pasos con la edición de los monumentales Sgt. Pepper´s y White Album, The Who reconvierten el rock en una obra operatica en Tommy, Pink Floyd desea también lanzar al mundo su “obra maestra experimental”, un disco, doble, que responde al singular nombre de Ummagumma.

En Ummagumma se observan resultados palpables de la evolución del grupo al amparo presente-lejano de la figura fantasmal de Syd Barret, que simultáneamente prepara su primer álbum solista: The Madcap Laughs. Son tiempos de sinfonismo, kraut alemán, space rock, prog rock y el disco es la réplica y reinvención del grupo a tan discutibles ( y en muchos casos, pretenciosos) movimientos.

El álbum se estructura en dos partes: una en vivo, con lecturas generosas de los primeros clásicos del grupo en la que destaca la fundacional “Astronomy Domino” y otra en estudio, formada por largas piezas adjudicadas a cada uno de los miembros del grupo. En este bloque, el más experimental, Waters, Gilmour, Mason, y Wright se imponen como cerebrales investigadores de laboratorio, traspasando al pentagrama sus obsesiones menos digeribles. Un paso presumiblemente trascendental que resulta mucho más creativo que los empachos de virtuosismo estéril que suelen caracterizar a gran parte de los lanzamientos progresivos del momento. La portada del disco, obra de Hipgnosis –diseñadores gráficos muy de moda durante los setenta- muestra la evolución de la banda: ya no hay caos surrealista ni sueño psicodélico, y al final, todo se reduce a cuatro individualidades de imagen inalcanzable.


Madre con corazón atómico

La década de los sesenta termina con un nuevo proyecto cinematográfico. Ahora es el director Michelangelo Antonioni quien reclama sus servicios para la banda sonora de Zabriskie Point, producción protagonizada pro Mark Frecherre, Daria Halprin y Rod Taylor. Al final, solo tres temas son incluidos en la cinta, ya que Antonioni considera excesivamente inaccesible el material presentado por Waters y sus colegas. Las relaciones entre el grupo y el director son puro fuego cruzado. David Gilmour, decepcionado, declara que "hubiese quedado mucho mejor de haber utilizado la mayor parte de nuestro material". The Grateful Dead , The Youngbloods, The Kaleidoscope, Jerry García, Roscoe Holcomb, John Fahey y Patti Page suplen con sus creaciones las "canciones malditas" de los Floyd, que son inmediatamente archivadas y, según cuentan las leyendas, recuperadas en Dark Side Of The Moon y Wish You Were Here.

Superado el fiasco de Zabriskie Point, el grupo se pone manos a la obra con su nuevo proyecto, un álbum donde el concepto de grupo como unidad se impondrá a los individualismos. Su título, Atom Heart Mother, se refiere a una curiosa experiencia médica real, relacionada con la intervención de un corazón artificial (gracias a una pequeña pila atómica) en la recuperación de una mujer embarazada. El grupo da una vuelta de tuerca más a su carrera, llegando a la absoluta complejidad de las formas sonoras. Utilizando más que nunca las posibilidades de la tecnología, Pink Floyd construye una experiencia musical de grandes dimensiones y alto nivel de perfeccionismo formal. Masas corales, largas suites sinfónicas –la que da título al disco- y aspecto de obra cerrada, destinada solo para iniciados. Algunos sostienen que a partir de Atom Heart Mother, Pink Floyd y el mundo real comienzan a ser conceptos casi antagónicos.

Los Pink Floyd inician su andadura de banda de estadio Y la actividad no les falta. Mientras Roger Waters está ocupado con su primer proyecto en solitario, la banda sonora de The Body, junto a Ron Geesin, las actuaciones del grupo se hacen más y más masivas, además de generar escenas de delirio colectivo. El 18 de julio de 1970, reúnen a más de veinte mil personas en el Hyde Park londinense, y en septiembre se embarcan en una extensa gira americana para presentar Atom Heart Mother. Sus conciertos rozan la exquisitez técnica, gracias en parte a la utilización de sonido cuadrafónico. Porque ellos saben que su música gana cuando se escucha con el respaldo adecuado. Estamos ante uno de los primeros grupos en llevar a su terreno los avances en materia de sonido. A fines de ese año, la suite Atom Heart... interpretada por el cuarteto junto a una orquesta de setenta músicos se presenta en un festival de música sinfónica y es aclamado por una audiencia cuya edad supera los sesenta años. La pieza es considerada una obra maestra de la música docta contemporánea.

EMI, encantada con la creciente carrera de una banda por la que poco apostaba en 1967, aprovecha el momento óptimo para publicar Relics, un compendio de joyas pertenecientes a sus primeros pasos. Singles primerizos como "See Emily Play" se revelan impagables, aunque simultáneamente evidencian el enorme salto producido por la banda desde los días en que Syd Barret marcaba el paso del grupo entre ramalazos de extrema lucidez y depresiones insalvables. Han pasado cinco años, que en los cerebros de Waters y compañía son bastantes más.

En este punto de mayor actividad, el cuarteto no relaja su caudal creativo y en noviembre del 71 editan Meddle trabajo exhaustivamente presentado no sólo en Europa y América sino también en Japón y Australia, países que se añaden al culto por la máquina vanguardista liderada, ya sin dudas, por un Roger Waters cuyo papel en el grupo crece entre codazos. Gilmour, a su lado, es poco más que un cumplidor empleado de las seis cuerdas. Waters componme, controla y ordena; Wright y Mason cumplen y Gilmour se permite poco más que destellos de brillantez instrumental.



Meddle no despierta tantas pasiones como su predecesor, esencialmente porque no aporta directrices renovadoras. Es pues, probablemente, el primer disco involucionista de Pink Floyd. Pese a todo el tema principal de la placa, "Echoes", es una pieza maestra rebosante de matices la que aún es interpretada en vivo por el grupo. Por lo demás, Meddle, con sus atmósferas relajadas y contemplativas, augura la llegada de unos tiempos, ya cercanos, en que las nuevas creaciones irán sacando a la luz cada vez con menor frecuencia.

Coincidiendo con la edición de Meddle, llega la gran idea. El mensaje de Pink Floyd adquiere todo su esplendor cuando se ayuda del aspecto visual. ¿Por qué nograbar una actuación del grupo en directo, con su habitual despliegue técnico?. Para darle un mayor carácter épico al acontecimiento, se busca un escenario singular, las ruinas de Pompeya, cerca de Nápoles, rico en referencias históricas que nutran aún más el cargamento de estímulos que ya lleva por sí misma la música del grupo. El resultado es Pink Floyd At Pomppeii, una filmación exuberante en la que el grupo da a conocer sus cartas con una espeluznante seguridad. Sin público, como una absurda obra de teatro destinada al vacío, como un fatalista documento audiovisual de un grupo que sólo se necesita a sí mismo para avanzar. Un monumento a la autosuficiencia, sin duda. Pink Floyd At Pomppeii seduce, tanto por el perfeccionismo de su envoltorio como por la calidad de las piezas interpretadas. Un documento casi onírico de sonidos visuales.

Más trabajo y más encargos. Barbet Schroeder, recordando la positiva experiencia de More, les solicita su aportación a la banda sonora de La Valle, un filme protagonizado por Bulle Ogier, Michael Gothard y Jean-Pierre Kalfon, y cuyo argumento gira en torno a un viaje iniciático en busca de un mítico valle en medio de la selva de Nueva Guinea, en el cual los protagonistas deben encontrar la felicidad y la respuesta a sus conflictos existenciales. La película no llega muy lejos –la critica se ensaña con su simplista planteamiento- pero permite a Pink Floyd añadir un título a su discografía: Obscured By Clouds. Trabajo que únicamente sirve para aumentar el conocimiento del grupo en Estados Unidos, país donde sus inextricables experiencias en forma de vinilo aún no se han ganado los favores de un público masivo.

Relativamente insustancial, en comparación a trabajos precedentes, y poco innovador, el disco supone un discreto capítulo dentro del historial del grupo. Aunque, eso sí, da lugar a una gira americana donde se ensayan trucos escénicos muy utilizados en el futuro. Hay más dinero, es decir, más medios, mayores escenarios y más espectaculares efectos para impresionar a fans poco habituados a los despliegues tecnológicos. El hielo seco, por ejemplo, actualmente una vulgaridad utilizada por cualquier grupúsculo heavy de cuarta categoría, supone en 1973 el plus de la expresividad y el "glamour" escénico. Si a ello añadimos los decorados y los gigantescos montajes luminotécnicos, comprenderemos como el directo de Pink Floyd comienza a ser conocido por algo más que una sucesión de canciones inspiradas. El grupo se instala en Marsella, en noviembre de 1972, con la intención de ensayar un montaje con el coreógrafo francés Roland Petit, en un intento de fusionar elementos del rock con el ballet clásico. El experimento, de cuarenta minutos de duración y creado a partir de los temas "Echoes" y "Careful With That Axe, Eugene", deja a la crítica y al público francés en un cierto estado de indiferencia. El propio David Gilmour muestra su desencanto ante el invento: "Ha sido muy restrictivo para nosotros. Quiero decir que yo no puedo tocar y contar los compases al mismo tiempo. Teníamos que estar sentados sobre el escenario con un trozo de papel en el que ponía que compás estábamos tocando". El 10 de diciembre de 1972, los Pink Floyd se presentan en Lyon, en su última aparición pública previa a la edición del álbum que cambiará drásticamente la historia del grupo: Dark Side of The Moon


Syd Barret en solitario

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El caso del guitarrista original de Pink Floyd aún sigue generando dolores de cabeza a todo biógrafo del grupo. Su trayectoria vital sería digna de una película tan o más tormentosa que The Wall, porque Syd Barret vive en carne viva las últimas consecuencias del sueño alucinógeno de los primeros años del grupo. Una vez fuera de Pink Floyd, Barret trabaja en una carrera en solitario que quedará irremediablemente interrumpida en 1971, cuando su estado mental hace necesaria la intervención médica e imposibilita su actividad musical.

Tras la edición en diciembre de 1969, del single "Octopus", con “Golden Hair” en la cara B, Barret debuta con el álbum The Madclap Laughs, en enero de 1970. Un trabajo que rivaliza en fascinación y densidad con The Piper At The Gates Of Dawn, aunque su esqueleto sonoro es mucho más simple. En noviembre de este mismo año, publica su segundo elepé, Barret, no menos perturbador. Los últimos meses de 1970 y los primeros de 1971 ven a un Syd Barret ofreciendo las últimas entrevistas de su vida con objeto de la promoción del álbum. Luego, el silencio.

En 1988, algunas viejas canciones inéditas de Syd Barret se publican en un minielepé de la serie The Peel Sessions. Ese mismo año, sale a la venta el álbum Opel, con catorce piezas que en su día no fueron incluidas en sus dos álbumes. En 1993, EMI publica Crazy Diamond, una atractiva caja con tres cds: The Madcap Laugs, Barret y Opel, cada uno ampliado con media docena de títulos extra, además de un librillo con información y fotos. Coincidiendo con su edición, Atlantic Records lanza un intento de rehabilitar artísticamente a Syd Barret, ofreciéndole doscientas mil libras por cualquier producto nuevo que grabe. Para ello, Barret puede contar con la colaboración de músicos como Mike Mills, Peter Buck, de R.E.M y Robin Guthrie de Cocteau Twins. Por supuesto, a Barret no le interesa.
Publicado por Desconocido @ 22:18
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