martes, 01 de agosto de 2006
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Continuamos con la historia de Pink Floyd. Esta vez revisamos la llamada edad de oro de la banda, periodo que transitó entre 1973 y 1983, o lo que es lo mismo, el camino que fue desde "El lado oscuro de la luna" hasta "El corte final". El reinado de Roger Waters.


Es innegable (por mucho que la era Barret aparezca como la más creativa y vanguardista) que es en el periodo Waters donde Pink Floyd se convierte en el monstruo sonoro que es hasta hoy en día. 1973 es el año cero para Pink Floyd, y el que diga lo contrario no tiene idea de la historia de la música popular. En menos palabras ese año, Pink Floyd establece un "antes y un después de" a raíz de la edición de The Dark Side Of The Moon. ¿El secreto?. Un sonido perfecto, creado en conjunto con el brillante ingeniero Alan Parsons en los controles. Cnciones claramente delimitadas; sin experimentos ambientales ni virtuosismos ególatras- y por supuesto, una canción pasaporte a la cumbre comercial que hace rendirse al mundo entero: "Money".

Dark Side of the Moon, "el lado oscuro de la luna", es un álbum gestado para atrapar al oyente medio y al mismo tiempo para el melómano más existente. La placa transita en un término medio entre el lado más comercial de The Beatles y el manerismo enfermizo de King Crimson. Visto a casi tres décadas de distancia, el álbum logra el casi imposible equilibrio entre coherencia, innovación y potencial comercial. Se le acusan tics efectistas y un escaso compromiso de renovación; aunque, ¿cómo hacer algo renovador tras álbumes como The Piper At The Gates Of Dawn? Como sea Dark Side... contiene las claves de un sonido maduro, excitante y venerado, que abre para Pink Floyd las puertas de la gloria a gran escala. En términos de cifras, el disco tiene su lugar con mayusculas dentro de la historia discográfica: 740 semanas en la lista americana Billboard o lo que es lo mismo, permanencia interrumpida en los chart desde 1973 hasta 1988. 301 en la británica, además de 23 millones de copias vendidas.

El 4 de marzo de 1973, los Pink Floyd inician en Madison, Wisconsin, una gira por Estados Unidos y Canadá de la que saldrán fortalecidos y convertidos en dinosaurios del rock de los setenta. Y es que The Dark Side Of The Moon es, con su impecable producción, un trabajo muy del gusto americano, justo lo que el grupo necesitaba para conquistar un mercado que le era todavía hostil. El 73 es el año del "sonido Pink Floyd". Y como suele suceder en estos casos, el miedo a no ser capaces de superar la marca -al menos en términos comerciales- se instala en el grupo. Así, a partir de noviembre, Waters, Gilmour, Mason y Wright se sumergen en un período confuso, en el que dan un paso adelante y dos atrás, con inseguridades y, sobre todo, terror a desfraudar después de The Dark Side Of The Moon.

Intercalando ensayos y grabaciones esporádicas con proyectos en solitario, lo Pink Floyd necesitan, más que nunca, calma y confianza en sí mismos. Los primeros meses de 1974 transcurren con una desbandada general. David Gilmour produce el primer álbum de Unicon, formación de folk-rock, y colabora con Sutherland Brothers and Quiver. Nick Mason, por su parte, participa en el debut en solitario de Robert Wyatt. Mientras que Wright y Waters ocupan su tiempo planeando las próximas maniobras del grupo. Para aprovechar el tiempo en medio del desierto de inactividad, sale a la venta A Nice Pair, un doble álbum que incluye los dos primeros elepés de Pink Floyd.


De diamantes enloquecidos a cerdos voladores

En julio de 1974 el monstruo revive transitoriamente para unos conciertos en Francia, en los que presenten tres canciones nuevas: "Shine On You Crazy Diamond", preludio del siguiente álbum, Wish You Were Here, "Raving And Drooling" -que con el nuevo título de "Sheep", formará parte de Animals, en 1977- y "Gotta Be Crazy", la futura "Dogs" también de Animals. Para final de año, el grupo recrea una vez más su ya explotado The Dark Side Of The Moon en una gira británica que arranca el 8 de noviembre en Newcastle y termina el 14 de diciembre en Bristol.

El 6 de enero de 1975, los cuatro se encierran una vez más en los Abbey Road Studios para concretar el contenido de su próximo trabajo, el primero tras más de dos años de silencio discográfico. Antes de su edición, sin embargo, realizan una gira americana en dos partes: abril y junio. Después, el 5 de julio, vuelven a Gran Bretaña, donde encabezan el cartel del festival de Knebworth. En este concierto suena ya por primera vez parte del contenido de Wish You Were Here.

El 15 de septiembre sale a la venta Wish You Were Here. Un título (canción y álbum) dedicado a Syd Barrett; "Ojalá que estuvieras aquí", canta la dulce voz de David Gilmour recitando la lírica de Roger Waters en un tono de reconciliación y casi pidiendo su reingreso en la banda. Las opiniones del nuevo trabajo son dispares y contradictorias. Si The Dark Side Of The Moon era una aproximación de Pink Floyd hacia un sonido más asequible, el nuevo álbum contiene los mismos propósitos, corregidos, aumentados y alterados por una mayor fijación por sonidos relajantes y atmosféricos. Comercialmente, casi revalida los espectaculares efectos de su álbum predecesor. La inmersión del grupo en el "mainstream" del rock irrita a los seguidores que habían crecido al compás de los avances sonoros plasmados en los primeros álbumes. Pero a pesar de las críticas adversas, Wish You Were Here suena a gloria en comparación con las obras de otros grupos contemporáneos. En octubre de 1975, el grupo se enfrasca en la edición cuadrafónica del disco, en una muestra más de que únicamente parece estimularles su propio perfeccionamiento técnico por encima del avance y la innovación.


1976 transcurre sin demasiadas noticias del grupo. No hay gira y las entrevistas brillan por su ausencia. Nick Mason produce el álbum Shamal de Gong y sus compañeros comienzan a tirar ideas para un próximo álbum. Un proyecto anunciado, la participación de Pink Floyd en la banda sonora de Dune, de Alejandro Jodorowsky, nunca se lleva a cabo. Pero el 3 de diciembre de ese año, la Battersea Power Station, un enorme complejo industrial con cuatro vistosas y largas chimeneas blancas que se encuentra al sur de Londres, se llena repentinamente invadida por un extraño equipo de personas. Fotógrafos, ejecutivos discográficos..., y un gigantesco cerdo inflable rosa que es elevado hasta los cielos, surcando el espacio sobre la nave industrial. Un paisaje surrealista aunque con trasfondo de crítica social: el cerdo, desde las alturas, observa la suciedad y la decadencia de la supuestamente desarrollada sociedad occidental. Una de las fotos de la escena será utilizada para la portada del nuevo álbum de Pink Floyd: Animals.

El 19 de enero de 1977, Animals es presentado a la prensa británica en una rueda de prensa en la que se escucha una sola vez el contenido del álbum. Cuatro días más tarde, sale a la venta. Su contenido asusta a muchos de los recién llegados al planeta Floyd, mientras que los viejos fans recuperan la esperanza perdida. Tras la calma de Wish You Were Here, llega el momento de la explosión catártica. En el disco Waters domina por completo la situación yreduce a los seres humanos a categorías tan poco ventajosas como "Cerdo", "Oveja"o "Perro", descargando su conciencia en una banda sonora más agobiante e intensa que lo que hacía prever el pasado reciente del grupo. Por momentos, parece que la vieja furia reviva entre los surcos.

Esta vez, la resurrección de Pink Floyd va en serio. Hay ganas de transmitir al público esos logros que el grupo ha ido acumulando desde su último concierto, en julio de 1975. A fines de de enero, el grupo inicia una gira europea. El 22 de abril, embarcan con rumbo a Estados Unidos con culminación en el Madison Square Garden de Nueva York y, dos días más tarde, en el Olympic Stadium de Montreal (Canadá). Los "shows" de Animals son de punto y aparte, y marcan un nuevo hito en la concepción de conciertos de rock a través de la utilización de rayos láser, el característico y gigantesco disco de fondo que sirve de pantalla y de juego de luces, y lo más emblemático, un monstruoso cerdo que sobrevuela el escenario y que se convertirá en uno de los emblemas del grupo.

Mientras eso sucede, en la cabeza de Waters bulle y maquina la realización de su mayor sueño megalómano: el que debe ser el disco "definitivo" de Pink Floyd, la obra faraónica que revele y exhume de una vez pro todas sus fantasmas mentales, que no son pocos, como se verá muy pronto.



Muchos ladrillos forman una pared

Roger Waters está lejos, tanto en el espacio como en el tiempo. Su cerebro retrocede hasta su infancia, reflota obsesiones archivadas en los recovecos de su mente y las transforma en sonido. Piensa grabar, al igual que Gilmour y Wright, un álbum en solitario, pero al mostrar las maquetas a sus compañeros, estos dan a entender su interés en trabajar en ellas y convertirlas en el nuevo disco de Pink Floyd. Para la producción del álbum surge una novedad en la figura de Bob Ezrin, nombre ya clásico del rock americano. Pero quien manda es, más que nunca, un Waters crecido ante la escasa capacidad de decisión de Mason y Wright. Sólo Gilmour le hace sombra, pero el "jefe" sabe cómo mantenerle en su lugar.

La asociación Waters-Ezrin es responsable de un trabajo titánico que lleva hasta el límite la concepción de un art-rock para todos los públicos: The Wall. Doble álbum creado cual magnificente epopeya rockera: excesivo, aplastante, ciclópeo, niciático. Y caro, muy caro: al ya de por sí elevado coste de un disco doble, hay que añadir la copiosa nómina de Bob Ezrin, el generoso despliegue de medios exhibido en la grabación (masas orquestales incluidas) y los depurados efectos especiales. Pero a Waters ya nada se le resiste, y The Wall es la prueba más irrebatible de su prepotencia. El single "Another Brick In The Wall, Part 2", uno de los pocos hits mundiales de la historia del grupo, se hace extremadamente popular y llega a vender 340.000 copias en Gran Bretaña en cinco días. Arrastra al comprador medio a descubrir el interior de un doble álbum que no es sino una pesadilla sonorizada, el resultado de un psicoanálisis protagonizado por el bajista y líder en sus propias carnes y recuerdos. El muro acepta múltiples lecturas, pero en cualquiera de ellas se refiere a una cuestión de incomunicación: entre la individualidad y el mundo, entre el niño y el sistema académico, entre un sistema político y otro.

Los ladrillos se amontona a su alrededor ante la hostil realidad. Waters construye el disco como un autobiografía musical y su ejercicio funciona. No hay que pedirle más a The Wall, un disco hecho para dejar al oyente convertido en poco más que gusano. El 30 de noviembre de 1979 The Wall toma literalmente los escaparates de las tiendas de discos e inmediatamente se piensa en la puesta en escena del álbum, pero las ideas de Waters quieren un tiempo de preproducción. La nave titubea: ¿gira mundial?, ¿conciertos esporádicos en pocas ciudades? La grandiosidad del "show" pone en duda la realización de un nuevo macro tour":"Los cuatro estamos de acuerdo en hacer unos "shows" en Los Angeles, Nueva York y Londres"; anuncia Waters en el programa de Tommy Vance, Rock On, en la BBC, "más que nada porque las características del espectáculo hacen que sea difícil viajar con todo el montaje. También hay la posibilidad de que hagamos una actuación al aire libre después de tocar en Wembley. No aprobamos ese tipo de conciertos, pero podría ser la única forma para que la gente pudiera vernos". El grupo reserva el Wembley Arena entre el 9 y el 18 de junio de 1980 inclusive, aunque eso no significa que vayan a dar diez conciertos, sino que el grupo necesita varios días para el montaje y ensayo del "show".

El 8 de febrero de 1980, Pink Floyd ofrece su primer concierto de presentación de The Wall en Los Angeles Sports Arena. La obra de Waters es una cascada de desconcertantes animadas a cargo de Gerard Scarfe y rock faraónico. Además de los cuatro componentes oficiales del grupo, aparecen sobre el escenario Andy Bown (bajo), Snowy White (guitarra), Willie Wilson (batería) y Peter Wood (teclados). Dos semanas más tarde, el 25 de febrero, el circo se traslada al Nassau Coliseum de Nueva York. Fin de la "gira" americana. Europa les espera, aunque, de momento, sólo Londres tendrá el privilegio de albergar el espectáculo más grande del momento. La cita británica es el 5 de agosto en el Earls Court, donde el dinosaurio se presenta con la misma banda de refuerzo que en América, excepto Snowy White, que es sustituido por Andy Roberts. La aclamación popular es total. The Wall, en directo, se revela como un prodigio del gigantismo escénico y la seducción por la fuerza. El resto de 1980, el grupo se evapora, hasta que a final de año se anuncia la realización de un nuevo "show". El país elegido esta vez es Alemania. El 13 de febrero de 1981, el Westfalenhalle de Dormund acoge por última vez un montaje que supone uno de los últimos coletazos de la formación más longeva de Pink Floyd. En junio, el grupo se reactiva por última vez hasta su retorno en 1987. El recinto de Earls Court es, nuevamente, el escenario de la representación de The Wall. Pero esta vez, hay una diferencia: es el último concierto del grupo con Roger Waters en sus filas.

Momentos de indefinición. El grupo no anuncia más conciertos, ni se conocen proyectos de nuevas grabaciones. Por ello, su discográfica se cura en salud editando, en noviembre de 1981, el álbum recopilatorio A Collection Of Great Dance Songs, centrado en las piezas más célebres de sus períodos recientes. Un anunciado single con "Money" y "Let There Be More Light" se ve cancelado a última hora.


Es 1982 y Waters tiene entre ceja y ceja la materialización de un proyecto que no tiene que ver con la música sino con el séptimo arte. Convencido de las posibilidades expresivas de The Wall, da el visto bueno a un proyecto de llevar la historia relatada en el disco hasta las pantallas. El elegido para la producción es Alan Parker. El rodaje se desarrolla durante la primera mitad de 1982, y el estreno tiene lugar el 15 de julio en el Empire Theatre, de Londres. El protagonista es el irlandés Bob Geldof, cantante de The Boomtown Rats, grupo célebre por su hit "I Don´t Like Mondays". Un personaje que, a lo largo de los años nuinca ha podido espantar el fantasma de haberse convertido en el "Pink Floyd Cinematográfico", lo que ha desmerecido su propia carrera artística. Las críticas frente el film son, como era de esperar, múltiples. Mientras unos se quitan el sombrero ente el colosal terremoto para los sentidos que suponen sus cerca de dos horas de orgía audiovisual, otros censuran lo faraónico de la producción. Pero Pink Floyd: The Wall es, ente todo, la plasmación en celuloide de las obsesiones cerebrales de un Roger Waters cada vez más encerrado en su propio universo una genialidad sin limites que aflora del subconsciente de un ser humano con una capacidad de interpretación de lo que hay dentro de la persona incomparable. La película retrata, con aplastante profusión de medios, las fobias, debilidades y obsesiones de Pink Floyd, el protagonista y contiene una carga de feroz crítica social hacia las instituciones, léase familia, enseñanza o sistema político.

Waters está convencido que ya ha dicho todo lo que tenía que decir, de que Pink Floyd se acerca a su final y de que sólo él puede decidir cómo y cuándo se producirá el fatal desenlace. A causa del dominio absoluto sobre la situación que ejerce, el malestar en el seno del grupo es importante, y la tensión ambiental desemboca en la primera deserción desde los tiempos de Syd Barrett. Esta vez es Richard Wright quien decide poner punto final a cerca de dos décadas de trabajo ininterrumpido en el grupo. Aunque nunca se llegan a aclarar los verdaderos motivos de la marcha de Wright (las que comiemzan durante la grabación de The Wall), es obvio que tiene que ver con serias diferencias con Waters.


El corte final

Pero mientras Rick Wright busca su camino, Roger Waters maquina la última (eso cree él) jugada de Pink Floyd, el disco que, presumiblemente, marcará el punto y final de la larga trayectoria del grupo: The Final Cut editado en marzo de 1983. Si The Wall reflejaba ya los demonios interiores del cerebro del cantante y bajista del grupo, en The Final Cut tenemos dos tazas más de lo mismo aunque sin el gancho creativo y, sobre todo, comercial de su predecesor. Al lado de The Wall, el nuevo producto de la factoría Pink Floyd se antoja un pálido espejismo, una inoperante y escasamente inspirada secuela que sólo convence a los incondicionales. "Not Now John" se lanza como single (con "The Heroes Return Part 2" en la cara B), y cuenta también con un vídeoclip con motivos nipones que resulta bastante incomprensible. El clip formará parte de un video EP junto a las tomas de "The Gunnner´s Dream", "The Final Cut" y "The Fletcher Memorial Home". Para el disco, los teclados de Wright han sido sustituidos por los de Andy Bown, ya conocido por los conciertos de 1980 y 1981, y Michael Kamen, director de orquesta y tecladista que pone un toque sinfónico al background sonoro del trabajo.. Como en The Wall, Waters se queda a gusto lanzando mensajes más o menos explícitos y repletos de crítica antisistema. Para postre, Gran Bretaña se encuentra en estos momentos en plena crisis debida al asunto de las Malvinas, y la carga antibelicista del disco es considerada poco oportuna por ciertos sectores conservadores.

Un disco incomprendido y saturado de referencias que, probablemente, sólo su autor comprende al cien por cien, la banda parada, Richard Wright fuera del grupo, un Waters que de todos empiezan a sospechar- tiene intenciones de "matar" al grupo... La atmósfera no es la más edificante. Se huele la catástrofe, y David Gilmour no desea que le pille desprevenido. Son los síntomas de la desbandada general. Ya no hay más conciertos de Pink Floyd. Waters quiere que el dinosaurio descanse en paz, y los demás utilizan el "impase" para probar aventuras solitarias, pero eso no significa que den por finalizada la carrera del grupo.

El enfrentamiento de Waters con el resto de Pink Floyd (que en esos momentos se reduce a Gilmour y Mason) es claro y nada disimulado. Así entramos en la etapa más desagradable de la historia del grupo, la de las casi interminables batallas personales y legales entre las dos partes, que, artísticamente, ocupan su tiempo en proyectos dispares hasta la reflotación del grupo, ya en 1987. En diciembre de 1985, Roger Waters manda una carta a la discográfica EMI declarando que abandona oficialmente Pink Floyd. Con ella, pretende dar carpetazo definitivo a la historia del grupo, pero sus ex-compañeros no le siguen el juego.

Los pros y los contras de ser Roger Waters


Después del lanzamiento de The Final Cut, Roger sin saberlo comienza una carrera de obstaculos. Retoma la idea del album que años atrás le presentara a Pink Floyd, The Pros & Cons of Hitch Hicking, y se lanza como solista. Cuando es consultado acerca de su anterior labor dentro de la banda de los cerdos voladores y su relación con The Pros..., Roger declararía que ese álbum, "podría haber sido un trabajo de Pink Floyd". Pero, ¿a qué Pink Floyd se refiere, si cuando habla de la banda parece referirse a si mismo? Seamos honestos el Pink Floyd de The Final Cut, ya no era Pink Floyd , aunque parezca un juego de palabras. Fue un trabajo solista "disfrazado" con el nombre Pink Floyd. y eso es lo importante . Roger se alía con Eric Clapton y se apoya en los críticos que aseguraban que The Pros & Cons "es un album de Pink Floyd".


A mediados de 1985, Waters decide terminar con sus acuerdos con Steve O'Rourke, quien lo estaba presionando para hacer otro álbum de Pink Floyd. Debido a que Steve era el manager de Pink Floyd, y como la banda no se había disuelto oficialmente, Roger todavía tenía obligaciones contractuales con él. A fin de terminar este acuerdo, Roger necesitaba el consentimiento de David y Nick, (las otras partes del acuerdo), el bajista ofreció a cambio los derechos del nombre de Pink Floyd (aunque después diría que lo hizo sin hacer las consideraciones éticas necesarias).De todas maneras Gilmour y Mason no ratificaron la terminación con O'Rourke. Roger entonces decidió que la manera de solucionarlo era simplemente abandonar el grupo oficialmente, ya que lo había hecho de manera extraoficial, pensando que estarían muertos sin él. Así, el 3 de Diciembre del 1985, escribió a la compañía de discos y anunció su salida del grupo.

En 1986, Raymond Briggs convoca a Waters para que se haga cargo del soundtrack de When the wind blows. El film animado para adultos parecía haber sido concebido para explotar el talento y las visiones escépticas de Waters. Los dibujos animados representan un trágico final, al costo de una espantosa guerra nuclear. Roger tuvo en The Wall , más precisamente en "Goodbye blue sky", las premoniciones de una futura confrontación nuclear y/o química , que se confirmaba en When the wind blows . Paralelo a este trabajo, comenzó a trabajar en el proyecto Radio KAOS . En este álbum Roger transita el "pop" con sus ácidas visiones y su compromiso social revitalizado. Los efectos especiales que siempre caracterizaron a Waters, suenan a realidad virtual desde una estación de Radio desde Los Angeles , U.S.A.

A mediados de 1986, Steve O'Rourke demandó al bajista por incumplimiento de obligaciones. Esto ciertamente no hizo nada por mejorar los sentimientos que Waters tenía hacia los miembros remanentes de Pink Floyd (con los cuales Steve todavía estaba asociado). Conociendo que sus antiguos compañeros estaban trabajando en un posible álbum de Pink Floyd, Roger fue a la suprema corte el 13 de Octubren de1986 para lograr que el grupo quedara formalmente separado y nadie pudiera hacer uso del nombre.

A fin de establecer que la sociedad del grupo no era oficial (y así que la separación no tenía sentido), Waters solicitó a la corte una decisión que fuera del consentimiento unánime de todos los miembros, incluyéndolo a él mismo, en cuanto a cualquier decisión que tuviera que ver con la música de Pink Floyd, así como también el uso del nombre, conciertos, reediciones, y mercancía relacionada."...Yo estoy en el camino en una competencia conmigo mismo... y estoy perdiendo...Yo estoy seguro que sería mucho más feliz si pudiera matarlos, matarlos profesionalmente como Pink Floyd…"

La decisión de la corte no fue lo que Waters esperaba . Sus compañeros tendrían el derecho de usar el nombre de Pink Floyd y él tendría los derechos de The Wall. "...Yo he descubierto que la ley no tiene mucho interés en los aspectos morales como en los factores de la propiedad, tratando el nombre de Pink Floyd como si fuera McDonald´s. A nivel personal, yo no tengo nada en contra de David, es la idea de disfrazar su carrera solista como Pink Floyd lo que me ofende..." En ese momento Roger Waters acepta que Pink Floyd existe sin Syd Barret, incluso acepta que exista sin Rick Wright pero no acepta que Pink Floyd pueda existir sin él. Ante el lanzamiento de A Momentary Lapse of Reason en 1987, Roger comentaría: "Es una hábil falsificación"

Roger vuelve a hacer noticia en 1992, cuando presenta The Wall en Berlin, junto a un grupo de artistas en los que se destacan Scorpions, Bryan Adams, Sinead O´connor, entre otros. El dinero recaudado de este evento fue donado al Leonard Cheshire´s Fund para la ayuda de desastres internacionales. Como nunca, los fantasmas visitaron aquella noche al egoc´dentrico bajista. Estaba claro que The Wall era la obra de Roger Waters, pero cuánto necesita esta obra la participación de Pink Floyd .



Muchos piensan que Roger Waters es la segunda parte de Syd Barret. Una mente brillante pero perturbada, que vive dentro de un mundo de amargura e injusticia. Sin embargo Roger no se ve a si mismo de esta manera "Yo no soy como el payaso que cuando se quita la mascara vive en un mundo de tristeza" .

En 1992, aparece Amused to Death. Este es sin dudas el mejor trabajo solista de Roger, y una obra comparable con los mejores momentos de Waters en Pink Floyd. Su inspiracion es realmente singular y su brillantez alarmante. Deberiamos revisar en que contexto Roger compone Amused to death . Directa o indirectamente, sabe que Pink Floyd vive sin él. No debe haber sido facil transitar este camino de transicion y tozudez. Y precisamente, cuando Roger reconoce a Pink Floyd por encima de cualquier nombre propio, abre sus ojos, y amanece Amused to death. Una obra de arte con mayusculas. El bajista recrea sus obsesiones y sus paradigmas, sus angustias e impotencia. Sabe que la guerra aun lo atormenta, y ahora la transmiten por television como un match de la NBA. La guitarra de Jeff Beck proporciona el acompañamiento que Roger anhelaba desde hacía tantos años. Sabiendo que sus letras necesitan de Pink Floyd.

Y en 1999, despues de casi diez años de silencio, Waters despertó del letargo. Dejó de lado su anunciado y reiterado proyecto de ópera y dio inicio a su primer tour desde 1987. Titulado In The Flesh, igual que la gira de Animals, la serie de presentaciones desarrolladas entre 1999 y el 2000 por Estados Unidos fue un absoluto éxito. Waters se hizo acompañar de una banda de lujo y la crítica especializada alabó el tour calificandolo de ser más fiel al espíritu de Pink Floyd que al propio Pink Floyd. "Waters reemplaza la pirotecnia de Gilmour y compañía por emoción escénica", dijo Rolling Stone. Tan bien resultó In The Flesh que a fines del año pasado Sony recuperó parte del show en un disco doble homónimo considerado por muchos, como el mejor disco en vivo de la banda desde Ummagumma.
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