George C. Andrews, conspiracionista norteamericano asegura haber encontrado la verdad sobre el gobierno secreto que domina nuestro planeta. ¿Cómo? Simple, Andrews agarró todos los mitos oscuros del siglo XX, los mezcló y dio con una historia en la que no se salva ni Hitler, ni los ovnis ni la música de Led Zeppelín. Este es su cuento.
La tesis de Andrews se fundamenta en un supuesto vínculo entre los Nazis y las fuerzas Ocultas. Este sujeto, afirma que todo los cuentos acerca supuestas órdenes secretas, como los Caballeros Teutónicos o los Ilumnati, no son más que cortinas de humo a la HORRIBLE VERDAD. Andrews sostiene que los responsables de iniciar todo son una logia budista renegada y profana llamada Los hermanos de Asia, cuyo símbolo era la Esvástica (o Cruz Gamada) y cuya tradición sombría se rastrea hasta el siglo XVI, con la presencia del supuestamente inmortal Conde de Saint-Germain.
Se dice que la iniciación de los miembros de esta Hermandad, culminaba con el contacto con un Guia Espiritual. Andrews sospecha que se trataría del primer contacto humano con los siniestros alienígenas cabezones, llamados Grises o EBEs (Entidades Biológicas Extraterrestres) en la mitología conspiracionista.
Este contacto iniciático con los Grises continuó desde los Hermanos de Asia hasta la SS Nazi y la CIA norteamericana, que habría sido creada por los propios nazis. De esta forma llegamos al “Watergate Cósmico”, el supuesto pacto Cia-Grises que desde la década de los 50 ha permitido raptos de humanos y mutilación de vacunos a cambio de tecnología alienígena secreta.
Además de los Hermanos de Asia, otras fuentes de poder oculto conectadas con los Nazis incluyen a la Sociedad del Dragón Verde, la Orden del Golden Dawn y el grupo Thule de Sebottendorf, los cuales habrían tenido vínculos con el escritor Bram Stoker (Drácula) y el hechicero y místico Aleister Crowley. Según el escritor francés Jean Robin, la idea central del grupo de Sebottendorf, era formar una orden racista de iniciados con una estructura religiosa, política y militar centrada en un líder altamente carismático: Adolf Hitler.
La primer victima judía de los Nazis fue el ministro de Relaciones Exteriores alemán, Walter Rathenau, quien antes de morir, el 24 de junio de 1922, identificó a sus asesinos como integrantes de los “72 que quieren gobernar el mundo”. El Colegio Superior de los Hermanos de Asia tenía 72 miembros. Además, una de las creencias más fuertes de la esotería Nazi era que de cada generación sólo habían 72 hombres de “verdad”.
¡Invasión interdimensional!
Se sabe que Hitler era propenso a horrendos episodios de paranoia, chillando ante una entidad sombría a la que sólo él podía ver. Al final de la Guerra los aliados descubrieron que los científicos alemanes habían estado trabajando intensamente en un arma secreta definitiva en la que confiaban revertir los resultados del conflicto. Estas armas eran enormes naves aéreas en forma de platillo. ¿Se anticipó el Führer a la CIA en firmar un pacto secreto con los Aliens Grises? Si fue así, evidentemente lo abandonaron, tal vez para ir a otro lugar en búsqueda de mejores posibilidades.
Así llegamos a julio 1947, cuando el piloto Kenneth Arnold inició la era moderna de los Ovnis, al describir nueve objetos en forma de platillo volando a enormes velocidades sobre las montañas Cascada, en el Estado de Washington. Este anómalo suceso fue la hora cero de un hecho inexplicable que por más de medio siglo se ha hecho presente en nuestros cielos. De pronto había Ovnis por todos lados. ¿Por qué?
Todo comenzó a suceder sobre territorio norteamericano, meses después de que los estadounidenses comenzaran sus primeras pruebas nucleares de posguerra. A experimentar con los alucinógenos químicos y cuando oficiales de la SS conspiraban con miembros de alto rango del ejército del tío Sam para crear una oficina secreta de inteligencia: la CIA. En las mismas fechas, L. Ron Hubbard, un escritor menor de ci-fi aficionado a lo oculto acababa de terminar un “proyecto especial” junto al ingeniero aerorespacial John Whiteside Parsons, fundador de una comunidad iniciática norteamericana conocida como 54/12.
Según el investigador Kenneth Grant, este proyecto no era otra cosa que una serie de ceremonias mágicas realizadas en el desierto de California, llamadas Los Trabajos de Babilonia. Estos ritos hechiceriles realizados por Ron Hubbard y Whiteside, habían sido diseñados por Aleister Crowley, mago inglés de principios de siglo que se autodenominaba la gran Bestia del Apocalipsis.
La meta de los Trabajos de Babilonia era abrir un portal interdimensional para permitir el ingreso total e irrestricto a nuestra realidad de Los grandes antiguos.
Grant asegura que lo que Hubbard y Whitesands abrieron fue una puerta y que algo salió volando de su interior. Whitesand supuso que era la antigua Babilonia que regresaba en la forma de una enorme ciudad volante (¿Nave nodriza?). Otros esotéricos han supuesto otras cosas, pero todos concuerdan en algo. En mayo de 1947 (dos meses antes del primer avistamiento moderno de Ovnis) ocurrió algo inexplicable para las leyes mundanas.
Whiteside abrió una puerta y algo entró volando. ¿Pero qué? ¿Los antiguos? ¿Los guías espirituales de los Hermanos de Asia? ¿Las entidades que perseguían a Hitler? ¿Los Grises de hoy en día?. Solo una cosa es cierta, en 1947 los Platillos Voladores entraron a la conciencia pública y desde entonces la cosa se ha puesto cada vez más extraña. Ese mismo año, en Londres, falleció Aleister Crowley, con la tranquilidad de haber cumplido con su deber. Antes de morir, dejo un dibujo de uno de los llamados Jefes Secretos, sus mentores invisibles o quienes dio el nombre de LAM, las criaturas que serían traídas a nuestra realidad por los Trabajos de Babilonia. El dibujo del mago muestra a un ser extraño, bajo y calvo, con una gran cabeza y ojos negros enormes. Es idéntico a los contemporáneos Grises.
John Whiteside murió en 1952 en un accidente de laboratorio. En homenaje póstumo el gobierno de los Estados Unidos bautizo como Whiteside Parsons Peak a una montaña de la luna. ¿Pero quien podría agradecer semejante recordatorio?
L. Ron Hubbard se hizo famoso primero al inventar la religión más top de Hollywood, la Cientología y luego con un escándalo financiero que terminó con su supuesta muerte, un misterio que aún no ha sido resuelto.
El ufólogo francés Jacques Valle (asesor del filme Encuentros Cercanos del Tercer Tipo de Steven Spielberg) ve al fenómeno Ovni como algo más cercano a lo paranormal que a la casuística extraterrestres. Vinculación que de acuerdo a él viene de la moda de la ciencia-ficción de los cincuenta. En sus palabras, las entidades Ovni serían elusivos invasores de otra dimensión o realidad y no viajeros del cosmos.
Ya sean percibidos como ángeles, demonios, djinns, hadas, dioses o gnomos. Los seres extraños han aparecido a lo largo de toda la historia, en todas las culturas de la Tierra. Incluso en registros anteriores a la Biblia y a menudo en conjunción con extrañas luces aéreas. Pero sólo a partir de 1947 las luces han adquirido sustancia metálica, mientras que las entidades mismas han asumido la forma de los Aliens contemporáneos. ¿Será posible que todo sea lo mismo?
¿Por qué no? Los investigadores John Keel y Ted Holiday proponen incluso un vínculo entre fenómenos aparentemente dispares como los ovnis y El monstruo de Loch Ness, Pie Grande y Mothman. Criaturas todas provenientes del “otro lado”
En conjunto con los”Trabajos de Babilonia” esto cobra perfecto sentido ya que Aleister Crowley, quien vivía en la mansión Boleskine, frente al Lago Ness, afirmaba que podía y solía convocar a la elusiva criatura a voluntad. Y fue en esa misma casa (hoy encantada) donde John Bonham, baterista de Led Zeppelín, banda que siempre coqueteó con lo oculto, murió años después.
Según Andrews, en el mundo de las sombras, todo encaja con todo.